La Cava de Garcinarro: la cápsula del tiempo en el valle de Altomira

Nos acercamos hasta esta localidad del valle de Altomira para visitar una auténtica joya arqueológica: la Cava de Garcinarro

Cuatro milenios y medio desde su origen

En el yacimiento arqueológico de La Cava, en la localidad de Garcinarro y ubicado en un otero de este pueblo, se encuentra la mayor edificación íbera conocida de la Península.

Para conocer verdaderamente el valor patrimonial que encierra, nada mejor que ir acompañados por nuestros amigos de la Asociación Cultural La Cava de Garcinarro. Antonio, Marga, Adela y Rubén fueron los cicerones durante el paseo guiado, y se nota desde el primer momento lo orgullosos que están de dar a conocer este lugar tan emblemático.

Antonio Fernández nos va desentrañando toda la historia que encierra este enclave alcarreño, excepcional punto estratégico y defensivo desde donde se puede observar todo el valle de Altomira. Su conocimiento no se ciñe solo a lo que nos explica del yacimiento, sino que, a la vez, nos va mostrando un amplio abanico de plantas con distintos usos medicinales y que vamos encontrando en nuestro camino: la raíz del Traidor, hisopos, el tomillo campestre…

                 Cruces visigodas

Mientras subimos a la propia excavación, nuestro guía nos explica que este enclave fue utilizado en tiempos posteriores a la Edad de Bronce por civilizaciones que dejaron su impronta: un pozo romano, eremitorios medievales, cruces y tumbas antropomorfas visigodas…, que revalorizan, más aún si cabe, este yacimiento.

Lejos de destruir lo que los antepasados habían construido, los sucesivos pobladores lo que hicieron fue tapar y construir encima de lo ya existente, de ahí que se hable por parte de los arqueólogos de una auténtica «cápsula del tiempo».

Cueva
                                                                                          Cueva eremítica

La Cava tiene una extensión aproximada de doce hectáreas, teniendo su primera ocupación hace 4000 años (durante la Edad del Bronce), pero fue durante la Edad del Hierro (400-450 a.C.), en época celtíbera, cuando se construyó la parte más importante del yacimiento.

Foso
                                                                                                  Foso

Las primeras excavaciones e investigaciones dirigidas entre diciembre de 2013 y mayo de 2014 por el arqueólogo Miguel Ángel Valero, sacaron a la luz la acrópolis retallada en la roca y, en concreto, un monumental edificio singular tripartito datado en el siglo IV a.C.

Está formado por tres estancias paralelas cuadrangulares de unos 40 metros cuadrados y muy bien conservadas.  Comunicadas entre sí por un pasillo y con un parapeto en la parte de poniente que lo separa del precipicio, su uso pudo ser para lugar de culto, almacenamiento de alimentos o como estancias para el sacrificio en lo que pudo ser un gran santuario.

Estancias

En las excavaciones realizadas posteriormente, en 2015, se localizaron partes de la muralla y otras estructuras. Una de las cosas más curiosas es que, a pocos metros de estas estancias, existe una notable extensión de cazaloteas (más de ocho mil) de distintos tamaños y fueron talladas u horadas por el hombre en la misma roca. Hay distintas teorías sobre su significado, pero se piensa que pudieron ser pequeños altares.

Cazoletas
                                                                                            Cazoletas

Como nos dice nuestro amigo Antonio, queda mucho por descubrir y todavía no se sabe la verdadera magnitud de este excepcional yacimiento. Está previsto como futuro proyecto la musealización de todo el conjunto arqueológico, así como la construcción de un Centro de Interpretación y recepción de visitantes que pongan en valor su magnífico patrimonio arqueológico.

No queremos dejar pasar la oportunidad de agradecer, no solamente la enorme simpatía y amabilidad de nuestros amigos de la Asociación Cultural de la Cava de Garcinarro, quienes nos dieron todo tipo de facilidades para visitarla y enseñárnosla, sino también por el formidable esfuerzo de promoción de su zona que vienen haciendo desde hace tiempo. ¡Enhorabuena por vuestro inestimable trabajo!

Recomendaciones por la zona

Garcinarro, junto con las localidades de Mazarulleque y Jabalera, conforman el Valle de Altomira, un enclave dentro de la Alcarria conquense que sorprenderá al viajero que busque algo diferente. La propia Sierra de Altomira fue incluida en el catálogo de la Red Natura 2000 (como espacios protegidos ZEC Y ZEPA).

Para poder disfrutar de este peculiar destino os planteamos varias actividades: para los más andarines, dos senderos de pequeño recorrido, el  PR-CU 44 y el PR-CU 45 que os acercaran tanto al propio yacimiento como a los parajes. A menos de veinte kilómetros de Garcinarro se encuentran las localidades de Buendía, punto de inicio de la curiosa ruta de Las Caras y la villa de Huete, con una amplia oferta cultural. Y a este valle, por no faltarle, no le falta un excelente patrimonio arquitectónico, como podemos comprobar en la Casa-fuerte de Mazarulleque o la iglesia de Nuestra Señora del Sagrario.

La oferta de alojamientos rurales está bien cubierta en la zona, pudiendo decantarnos por establecimientos de alquiler completo (La Casita del Molinero, en Jabalera) o por habitaciones (La Posada de Garcinarro).

Si queremos probar los excelentes quesos manchegos que se hacen por aquí, nada mejor que acercarnos a Caracenilla y probar algunos de sus excelentes productos (¡impresionante el de romero!) en la Quesería La Ermita.

Como veis, Cuenca no deja de sorprendernos. Cuando no es un paisaje, un castillo, una aldea…, esta provincia viene a maravillarnos de nuevo con tesoros que, aunque no tan conocidos, nos dejan esa sensación de ser conscientes de que contemplamos algo único…

 

 

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Cuenca5sentidos

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